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El cloro de la piscina ¿puede dañar tus dientes?

Familia en la piscina

El cloro de la piscina ¿puede dañar tus dientes?

Finalmente hemos dado la bienvenida al verano y no podemos esperar a disfrutar de todos los magníficos planes que esta época del año nos brinda. Sol, playa… ¡y también piscina! Tanto para las personas que residen en una ciudad de interior, como tanto para aquellas que prefieren bañarse sin las incomodidades de la arena, la piscina supone la opción perfecta para darnos un buen chapuzón

Sin embargo, ¿sabíais que el agua de la piscina puede llegar a resultar perjudicial para nuestros dientes? A continuación, os explicamos las razones y qué podemos hacer para seguir disfrutando de este maravilloso plan sin preocupaciones. 

Cloro y salud dental

El agua en la que nos bañamos cuando vamos a la piscina está tratada con cloro; la razón es que este componente sirve para desinfectar el agua que, a pesar de renovarse continuamente, permanece más estanca que la del mar. El cloro es, por lo tanto, una medida para mantener la salubridad del agua y eliminar los gérmenes que puedan habitar en ella.

Sin embargo, cuando los niveles de cloro son excesivos o, simplemente, pasamos muchas horas cada día en estas aguas, esto puede llegar a representar un problema para nuestro esmalte dental. 

El pH del agua tiene un efecto erosivo que, en pequeña medida, no supone un problema, pero cuyo contacto continuado puede aportar acidez a nuestra boca y provocar el desgaste prematuro del esmalte. En algunas piscinas, los niveles de cloro son más elevados y este hecho resulta más patente; si observamos algunos de los elementos presentes en las instalaciones que están en continuo contacto con agua -por ejemplo, las barandillas de acceso al agua- y vemos erosión, podremos determinar rápidamente si el agua contiene demasiado cloro.

La acidez es un factor que provoca el deterioro de nuestros dientes; la descomposición de las proteínas que se encuentran en nuestra boca eleva los depósitos orgánicos, haciendo que sea mucho más fácil la aparición de bacterias, placa bacteriana y, finalmente, sarro. El pH de nuestra saliva tiene unos niveles determinados que se ven elevados por la inmersión en aguas cloradas, lo que puede llegar a provocar una patología o un desgaste si no tomamos medidas. 

Mantener la salud dental en época de piscina

Evidentemente, el efecto es mucho más notorio en las personas que son nadadoras profesionales o dedican muchas horas de ocio a la piscina. Un gran número de horas diarias en agua con cloro hace que el sarro y las manchas aparezcan más fácilmente. En cambio, un uso ocasional de las instalaciones no repercutirá de forma drástica en nuestra salud dental. 

A pesar de ello, sí es muy recomendable tomar algunas medidas para evitar el deterioro prematuro de nuestros dientes. Es mejor evitar las instalaciones con niveles excesivos de cloro; si tenemos piscina privada, hay que regular el pH del agua para que no resulte tan agresivo. De la misma manera, debemos lavarnos los dientes con pasta de dientes fluorada para contrarrestar la acidez en nuestra boca. 

Si destinamos muchas horas a nadar en la piscina, debemos visitar regularmente a nuestro dentista para una revisión odontológica. En la clínica dental realizarán un diagnóstico del estado de nuestra boca y determinarán si es necesario aplicar odontología preventiva para frenar el efecto del cloro para seguir disfrutando de una correcta salud bucodental.
Esta información está validada por los doctores de la Clínica Dental Beatriz Rubio, dentista en Cerdanyola del Vallés, certificada por el Sello de Calidad DentalQuality®.