Respirar por la boca es un hábito más frecuente de lo que parece y, en muchos casos, pasa desapercibido durante años. Sin embargo, desde el punto de vista odontológico, la respiración oral no es un simple gesto funcional, sino una alteración que puede tener consecuencias relevantes en la salud bucodental, el desarrollo facial y la calidad de vida, especialmente cuando se mantiene en el tiempo.
Aunque lo fisiológico es respirar por la nariz, existen múltiples motivos —obstrucciones nasales, alergias, hipertrofia de amígdalas o hábitos adquiridos— que llevan a algunas personas, tanto niños como adultos, a respirar predominantemente por la boca. Comprender cómo afecta este patrón respiratorio a la cavidad oral es clave para prevenir problemas dentales y óseos a largo plazo.
¿Qué significa respirar por la boca desde el punto de vista odontológico?
La respiración oral se produce cuando el aire entra principalmente por la boca en lugar de hacerlo por la nariz, incluso en reposo o durante el sueño. En odontología, se considera un signo funcional alterado, ya que rompe el equilibrio natural entre labios, lengua, dientes y encías.
Cuando la boca permanece abierta de forma habitual, se altera la posición de la lengua, disminuye la acción protectora de la saliva y se modifica el crecimiento de los maxilares en edades tempranas. Todo ello crea un entorno desfavorable para la salud oral.

Sequedad bucal y aumento del riesgo de caries
Una de las consecuencias más directas de respirar por la boca es la disminución de la saliva. La saliva desempeña un papel esencial en la protección de los dientes: neutraliza ácidos, arrastra bacterias y contribuye a la remineralización del esmalte.
Al respirar por la boca, especialmente durante la noche, la cavidad oral se reseca, favoreciendo un ambiente ácido y bacteriano.
Esto incrementa el riesgo de:
- Caries dentales, especialmente en zonas cervicales y entre los dientes.
- Desgaste del esmalte.
- Mayor sensibilidad dental.
No es casualidad que muchos pacientes con respiración oral presenten caries recurrentes a pesar de mantener una higiene aparentemente correcta.
Inflamación de encías y enfermedad periodontal
La sequedad bucal también afecta directamente a las encías. Un entorno oral seco facilita la acumulación de placa bacteriana y dificulta la respuesta natural de los tejidos frente a las bacterias.
Como consecuencia, es frecuente observar:
- Encías inflamadas y enrojecidas.
- Sangrado durante el cepillado.
- Mayor predisposición a gingivitis y, en casos avanzados, a periodontitis.
Si no se corrige el hábito respiratorio, estos problemas pueden cronificarse y comprometer la estabilidad de los dientes a largo plazo.
Alteraciones en el desarrollo dental y facial en niños
En la infancia, respirar por la boca tiene un impacto aún más significativo. Durante el crecimiento, la respiración oral puede interferir en el desarrollo normal de los maxilares y en la erupción dental.
Entre las alteraciones más frecuentes se encuentran:
- Paladar estrecho y alto.
- Apiñamiento dental.
- Mordida abierta o cruzada.
- Perfil facial alargado.
Estos cambios no son solo estéticos: afectan a la masticación, al habla y, en muchos casos, hacen necesario un tratamiento ortodóncico más complejo si no se detectan a tiempo.
Mal aliento persistente (halitosis)
La falta de saliva y la acumulación de bacterias favorecen la aparición de halitosis crónica. El mal aliento asociado a la respiración oral no suele resolverse únicamente con colutorios o pastas dentífricas, ya que su origen es funcional.
Por ello, cuando el mal aliento es persistente y no se identifican caries ni infecciones evidentes, conviene valorar si existe un patrón de respiración oral subyacente.
Mayor riesgo de infecciones y lesiones orales
Respirar por la boca implica que el aire no pase por los mecanismos naturales de filtrado, humidificación y calentamiento que ofrece la nariz. Esto puede favorecer:
- Infecciones de garganta repetidas.
- Irritación de mucosas orales.
- Aparición de llagas y aftas con mayor frecuencia.
Además, la exposición constante al aire seco puede hacer que los tejidos orales sean más vulnerables a pequeñas lesiones.
Relación con el bruxismo y trastornos de la ATM
En algunos pacientes, la respiración oral se asocia a tensión muscular, especialmente en la musculatura mandibular y cervical. Esto puede contribuir a:
- Bruxismo (rechinar o apretar los dientes).
- Dolor en la articulación temporomandibular (ATM).
- Cefaleas y molestias cervicales.
Aunque no siempre existe una relación directa, es un factor que conviene tener en cuenta en pacientes con síntomas funcionales complejos.
¿Cómo se diagnostica la respiración oral?
El diagnóstico no se basa únicamente en la observación clínica.
En la consulta dental se valoran:
- Estado de encías y dientes.
- Presencia de sequedad bucal.
- Alteraciones en la mordida.
- Postura de labios y lengua en reposo.
En muchos casos, es necesario un enfoque multidisciplinar, trabajando junto a otorrinolaringólogos, ortodoncistas o logopedas para identificar la causa y abordarla de forma adecuada.
¿Se puede corregir la respiración oral?
Sí, pero el tratamiento depende de la causa. Puede incluir:
- Tratamiento de obstrucciones nasales.
- Reeducación funcional.
- Tratamiento ortodóncico.
- Medidas para mejorar la hidratación y protección de la cavidad oral.
Cuanto antes se detecte, especialmente en niños, más sencillo y efectivo será el abordaje.
La importancia de un diagnóstico precoz
Respirar por la boca no debe considerarse un hábito sin importancia. Sus efectos sobre la salud oral, el desarrollo dental y la calidad del descanso hacen imprescindible una valoración profesional.
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Si respiras habitualmente por la boca, presentas sequedad bucal, caries recurrentes, inflamación de encías o sospechas que tu hijo pueda respirar de forma oral, es fundamental realizar una evaluación profesional.
Detectar y corregir el problema a tiempo puede prevenir alteraciones dentales, periodontales y del desarrollo facial, preservando la salud de tu sonrisa a largo plazo.