Sedación en odontología

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Sedación en odontología

Para según qué tratamientos odontológicos se hace necesario el uso de sedación con el fin de poder atender al paciente con las mejores garantías de éxito, dado que ésta nos permite que el paciente no sufra ningún tipo de dolor o molestia durante el proceso, se mantiene tranquilo, y el doctor puede así trabajar mucho mejor.

Para empezar a hablar de sedación es necesario aludir a la anestesia local dental, un descubrimiento del siglo XIX que ha ayudado mucho en el campo de la odontología. Este procedimiento sencillo requiere de una gran destreza por parte del doctor con el fin de administrarla correctamente, existiendo dos tipos de anestesia local: la infiltrativa y la troncular. La primera consiste en situar el líquido anestésico en los alrededores del hueso dental y éste lo absorbe y lo transfiere al nervio produciendo el efecto deseado. Y la segunda, como su nombre indica, se basa en aplicar el líquido en el tronco nervioso principal (habitualmente en la zona mandibular), produciendo un efecto más intenso que incluye, a veces, también la lengua.

Los efectos de esta anestesia local son conocidos -hormigueo y adormecimiento en la zona, dificultad para hablar, sensación de acorchamiento, etc.- y suelen durar entre 2 y 4 horas, recomendándose no comer durante este tiempo con el fin de evitar lesiones bucales.

Existe otro tipo de sedación complementaria a ésta y se llama sedación consciente. Sus efectos van más allá que los locales, ya que proporciona una sensación de tranquilidad y adormecimiento en el paciente, llegando incluso a que éste no recuerde posteriormente nada de lo sucedido durante el tratamiento, si bien es cierto que los reflejos se mantienen conscientes, de forma que el paciente puede responder a órdenes sencillas que le solicite el doctor. La sedación consciente consiste en la combinación de fármacos que pueden administrarse a través de diferentes vías: oral, inhalatoria e intravenosa. La primera consiste en la administración de benzodiacepinas en varias tomas, generalmente la noche anterior y antes del tratamiento y el paciente alcanza un estado de tranquilidad. El segundo se aplica en aquellas clínicas que disponen de este sistema de administración de gases a través de una mascarilla nasal, generando también una sensación de tranquilidad y desconexión, reduciendo la sensación de dolor y garantizando un proceso seguro. Y la vía intravenosa facilita un efecto rápido, de corta duración y recuperación rápida, habiéndose de realizar por personal médico. Cabe destacar que este tipo de sedación consciente surge por la necesidad de aportar al paciente un nivel mayor de confort y seguridad frente a los nuevos tratamientos odontológicos, cada vez de mayor complejidad y duración. Generalmente se emplea para los implantes dentales.

Para aquello pacientes que sufren de dentofobia o fobia al dentista, la sedación consciente se convierte en una solución eficaz para poder superar dichos miedos.